viernes, 8 de septiembre de 2017

La Batalla de San Carlos de Bolívar

El 8 de marzo de 1872, en el paraje conocido como Pichí Carhué (Carhué Chico) cerca del fortín de San Carlos, hoy San Carlos de Bolívar, se enfrentaron las tropas nacionales comandadas por Ignacio Rivas, Juan Carlos Boerr, Francisco Leyría y el apoyo de 800 lanceros encabezados por Catriel y Coliqueo contra las tropas indígenas (3500 hombres) encabezadas por Calfucurá, Reuquecurá, Catricurá, Namuncurá y Epuñer Rosas.

El 5 de marzo de 1872, a las dos de la tarde un cañonazo de los fortines cercanos a 9 de Julio, anunciaba la presencia de un malón.
Calfucurá con tres mil quinientos indios regresaba de malonear, e intentaba pasar hacia sus toldos en Carhué, por las cercanías del Fortín San Carlos.
El Jefe de Frontera, Coronel Juan Carlos Boerr, salió de 9 de Julio con sus tropas hacia San Carlos mientras tanto, el jefe de la frontera Sur Gral. Ignacio Rivas, hacía lo mismo desde Azul.
Con refuerzos de indios amigos, comandados por los caciques Catriel y Coliqueo, el Gral. Rivas logró reunir en San Carlos, casi 1500 hombres, de los cuales, solo 600 eran blancos (entre soldados y paisanos).
Con estas fuerzas enfrentó al cacique que había logrado reunir a casi todas las tribus indígenas en una Nación Araucana, de la cual era su Supremo Caudillo Calfucurá, en las cercanías del fortín, (cerca del monolito de los "cuatro vientos") .
La batalla terminó con una gran derrota para los indios de Calfucurá que, desmoralizado se retiró hacia Carhué y marcó el inicio de la decadencia de la Nación Araucana y el afianzamiento de la Conquista del desierto... Calfucurá murió en las Salinas Grandes el 4 de junio de 1873. El comunicado que el Gral. Rivas mandó al gobierno, decía que "unos 300 pampas han perecido, 200 fueron gravemente heridos, 30 cautivos rescatados, de 60.000 a 80.000 vacunos y 16.000 yeguarizos fueron recuperados de los indios"

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Aniversario del combate de Coihueco

El día 22 de diciembre de 1873 se produce el Combate en Coihueco. Una columna de unos 35 soldados del Regimiento Guías de Mendoza de la guarnición de San Rafael, al mando del Capitán Saturnino Torres, persiguiendo a un grupo de indios se encontró con una indiada de unos 500 individuos. Los soldados formaron cuadro y fueron cargados por los indios, iniciándose un largo y feroz combate, que les costó unas 70 bajas a los indios y un muerto y cuatro heridos a los soldados. Lograron sostener el cuadro hasta que los salvajes se fueron, luego de 5 horas de lucha. El gobierno premió luego esta resistencia heroica con pagas adicionales.
Fuente y agradecimiento: Ejercito Nacional Argentino / blog.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Aniversario del combate de Chimehuin

Se desarrolló el 6 de diciembre de 1882 en el valle del río Chimehuin, al sur de Junín de los Andes, entre una tropa de 25 hombres del Regimiento 2 de Caballería de Línea, al mando del capitán Vicente Bustos y la tribu del cacique Platero, asentada en ese lugar. El parte y la versión oficial dice lo siguiente: “Campamento de Auquenco, Diciembre 7 de 1882. Tengo el honor de comunicar a Vd. el resultado de la comisión que se me confirió en la noche del 5 del presente. Siguiendo sus instrucciones vadié el río Chinhuin (sic) y en combinación con el teniente 2º D.
Vicente Grimau, cargué los toldos que se encontraban sobre la margen izquierda de dicho río, cuyo resultado Ud. conoce. Enseguida se me presentó el citado oficial con 14 individuos de tropa y doce que yo tenía hicieron el total de 26, con los cuales, según orden suya, me dirigí a los toldos de Platero, llevando tan solo un caballo por hombre por haber sido imposible pasar los que Ud. me mandó. Emprendí la marcha a las 2 y minutos de la mañana y después de una hora de marcha, después de haber andado más de tres leguas, llegamos a unos toldos abandonados, los cuales habían sido del citado Platero según el baqueano, a quien reprendí seriamente porque aquellos toldos se conocía que no eran habitados desde mucho tiempo atrás.

Acto continuo seguimos adelante y llegamos a otros toldos después de haber marchado como una legua y notando que recién los habían abandonado seguí los rastros y como a una legua tomé trece indios de chusma que huían y avistando una toldería muy cerca, me dirigí a ella; siendo ésta la del capitanejo principal del cacique Ñancucheo el que teniendo conocimiento por los indios fugados de la anterior toldería, de nuestra aproximación, había pasado a la margen derecha del río Chimehuin; algunos indios que se encontraban de este lado huyeron a mi vista.
Ya los caballos estaban cansados y resolví acampar tomando para ello las precauciones del caso, pues sobre un médano de la margen derecha del río se veía un grupo de indios como de noventa, los que levantaron una bandera en señal de parlamento y habiéndole contestado de la misma manera, bajó a la orilla del río el Capitanejo acompañado de un lenguaraz y tres indios, desde allí me hizo presente que quería paz lo mismo que su cacique, que debía presentarse con 400 y tantos indios que tenía, contando con los que pertenecían a Namuncurá. En vista de esto mandé al baqueano que llevaba acompañado de un cabo y dos soldados a fin de poner en su conocimiento todo lo susodicho, dándole cuenta al mismo tiempo de que a una señal de humo, se reunían los indios llegando de todas direcciones, pero por la parte del río en que ellos se encontraban, y avisándole el estado de los caballos.
Mientras tanto volví a conferenciar con el Capitanejo dos veces más, pasando éste con varios indios desarmados a donde ya estaba, y al retirarse la última vez fui atacado como por doscientos indios aproximadamente que durante la conferencia habían vadeado el río sigilosamente, por un punto imposible de descubrir para nosotros.
El ataque lo trajeron divididos en tres grupos, dos a pie y el otro a caballo, armados de lanzas y carabinas, siendo la primera el arma que tenían el mayor número de ellos.
Los que cargaron a pie serían como unos cien, quienes llegaron hasta nosotros, haciéndome imposible la defensa de la caballada, que estaba atada y maneada a poca distancia, arrebatándola una parte de los indios montados; a pesar de habernos cargado muy de cerca; valiéndose para ello de los accidentes del terreno y de la arboleda de la costa, fue tal el fuego hecho por los soldados, y los golpes de sables de los mismos que pronto comprendí la desmoralización de los salvajes, y entonces redoblando nuestros esfuerzos, conseguimos después de media hora de combate, ponerlos en precipitada fuga, quitándoles trece lanzas y seis caballos, de los cuales uno era nuestro y los otros de ellos, estando estos últimos ensillados. Del total de lanzas tomadas, que es el mismo de muertos del enemigo entrego a Ud. diez, pues las otras se quedaron inútiles en el lugar de la acción, varios indios más perecieron ahogados, pues se arrojaban al río, los que no tenían otra salvación; pereciendo de la misma manera, toda la chusma prisionera, quien durante el combate, también se asotó al río.
Las pérdidas sufridas por nuestra parte, son los soldados Toribio Oliva y José Lacasa, muertos; el primero recibió un lanzazo en el costado a consecuencia del que cayó al río, y el segundo otra herida también de lanza en la misma naturaleza que la del primero, con la cual bastó para dejarlo fuera de combate, pero asimismo su cuerpo presentaba otras heridas.
Los heridos son, el que suscribe de dos lanzazos de poca gravedad, y un golpe de bola perdida; el cabo 2º Juan Guilleguer, de un bolazo en la pierna izquierda, el soldado Juan Chaparro, también herido de lanza en seis partes, y por último, el soldado Pedro Trejo presenta en el cuerpo veinticinco heridas, siendo algunas de gravedad; a más salieron contusos de golpes de bola perdida, el sargento Samuel Pérez, los cabos Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Venancio Zárate, Bernabé Sosa y Sandalio Villaroel.
Los heridos del enemigo me supongo que son muchos, por la sangre que se notaba en el trayecto de su fuga.
Me falta hacer presente a Ud. que la munición ha sido de tan mala calidad que varios soldados se vieron en la imperiosa necesidad de abandonar su carabina, porque los cartuchos no detonaban, siendo así que tres de ellos resultaron sin carabina, habiéndose reventado una y la otra cayó al agua.
Viéndome casi completamente a pie, resolví buscar la incorporación, haciendo montar los heridos y cargar las monturas en los caballos restantes, marchando la fuerza a pie. Como los caballos venían bastante pesados y los indios me seguían, resolví dejar las monturas ocultas en un bosque de los que encontré en mi trayecto, distante del paso del río como una dos leguas, trayendo tan solo cuatro que fueron los caballos que se pudieran ensillar.
Sobre el camino encontré charcos de sangre y una medalla de las acordadas últimamente por el Superior Gobierno a los soldados, lo que me vino a demostrar la certeza de mi sospecha sobre el baqueano, pues no puede dudarse de que el cabo Alarcón y los soldados Pedro Bustos y Telmo Domínguez han sido muertos por los indios, en vista de no haber llegado a este campamento ninguno de ellos.
Réstame recordar a Ud. la digna comportación del teniente Grimau, lo mismo que el puñado de valientes que tenía a sus órdenes y que han demostrado una vez más, la pujanza en la pelea, el sufrimiento en la fatiga, la pronta obediencia y la ciega disciplina de que están poseídos. Dios guarde a Ud. - Vicente Bustos.”
Es conveniente agregar la nota aclaratoria del citado Capitán, donde se refiere a la actuación de suboficiales y soldados; dice así: “Collón-Curá, Enero 10 de 1883 – Al Señor Jefe Accidental del Regimiento 2 de Caballería de Línea, teniente coronel Don Roque Peiteado. - A pesar de que como lo digo en el parte que pasé a Ud. dando cuenta del combate que tuvo lugar con los indios en el día 6 de Diciembre próximo pasado, todos los soldados han observado una conducta bastante digna, se han hecho recomendables por su reconocido valor en los momentos de la lucha cuerpo a cuerpo, y después por el especial empeño en dar cumplimiento a las órdenes que recibían y por la tenacidad en la persecución que se hizo a pie hasta donde nos fue posible y en la que se consiguió ultimar varios indios heridos, herir a otros y quitar los caballos que me sirvieron para cargar las monturas y montar los heridos; el sargento 1º Cayetano Rosas, los cabos 2º Ignacio Taboada y Jacinto Morales y los soldados Hermenegildo Montenegro, Calisto Arias, Balbino Balquinta, Doroteo Barrios, Venancio Zárate, Pedro Trejo y Juan Chaparro. Dios guarde a Ud. – Vicente Bustos.”
Como los datos oficiales y extraoficiales no coinciden, veamos seguidamente la versión que se asienta en el Diario de la Brigada: “La lucha fue cruda y encarnizada por ambas partes: los salvajes alentados por la superioridad en el número y la seguridad de la victoria, y nuestros valientes, por su propio coraje y disciplina.
El intrépido capitán Bustos, que sereno y enérgico en el peligro dirigía el combate dando ejemplo de valor, rompió su espada en lucha y descargó eficazmente sus revólveres, quedando, por tanto, desarmado en lo más crítico de la pelea; los bárbaros dirigían sus golpes a este valiente oficial, a quien reconocieron por Jefe, y a no ser por la intrepidez y destreza del cabo Ignacio Taboada, que apercibido del peligro que corría su oficial, se colocó a su costado e hizo prodigios con su sable, quitando las lanzadas que a uno y a otro les dirigían e hiriendo a cada golpe que descargaba sobre los más atrevidos, hubiera sido víctima tal vez.
El teniente 2º D. Vicente Grimau, también del mismo Regimiento, secundaba dignamente en esta acción al capitán Bustos.
Media hora duró la lucha, cediendo por fin los salvajes en completa dispersión, dejando a los pies de nuestros bravos, 13 cadáveres; mientras que otros aterrorizados se lanzaban al río Chimehuin, a cuya margen tuvo lugar el suceso, juntamente con trece personas de familia que momentos antes se habían tomado prisioneras, pero perecieron todos por el fuego de nuestros soldados o devorados por las torrentosas aguas del Chimeuin.
De nuestra parte lamentamos un cabo y 4 soldados muertos; 4 heridos inclusive el capitán Bustos y la mayor parte contusos por golpe de bolas.
Tan distinguida acción, fue la que inauguró la serie de combates no menos honrosos, que se han sucedido en el curso de la expedición.”
Pero he aquí que el mismo comandante de la Brigada, al dar a conocimiento a sus subordinados de los hechos de armas en que habían intervenido sus tropas durante ese lapso de la campaña, expresaba el 15 de diciembre en su: “Orden de Brigada – En los pocos días de campaña que cuenta la segunda Brigada, se han realizado operaciones tan diversas como fructuosas y librádose combates, dejando en cada uno de ellos sembrado el escarmiento, el terror y el castigo terrible para los salvajes, que desesperadamente en sus últimos momentos de exterminio han osado oponerse a nuestro paso.
Algunas víctimas tenemos que lamentar por nuestra parte todos pertenecientes al Regimiento 2 de Caballería de Línea, los soldados José Lacaba y Toribio Oliva, también víctimas en su puesto de honor, en un combate de doscientos contra veinte, como el que tuvieron que sostener a arma blanca, tan brillantemente conducidos por el capitán D. Vicente Bustos y teniente 2º Don Vicente Grimau. Debemos también un recuerdo respetuoso para el cabo Atanasio Alarcón y soldados Pedro Bustos, Telmo Domínguez y Fidel Miranda, traidoramente asesinados los tres primeros al conducir una correspondencia, y el último ahogado en las aguas del río Chimehuin, al vadearlo a nado para atacar al enemigo.”
Algunos historiadores y escritores militares aportan algunos datos que difieren en algo a lo apuntado anteriormente. Juan Carlos Walter, al citar el combate dice: “La sorpresa no tuvo lugar porque los indios lograron escapar. Con todo se tomaron 22 prisioneros, 3 carabinas Remington, algunos animales y varias prendas de uniforme, probablemente de algunos desertores allí refugiados. Las propias tropas tuvieron la pérdida de dos soldados puestos fuera de combate y 10 heridos, entre ellos 1 soldado que presentaba en el cuerpo 25 heridas”.
Manuel Prado, en cambio, informa: “Por nuestra parte tuvimos que lamentar seis soldados muertos y el capitán Bustos y un soldado heridos. El resto de la fuerza, sin excepción, había sufrido contusiones de bola. Pero éstas, como nos contaba Grimau alegremente, se curaban fácilmente con agua del arroyo y la sal de la ración.”
Se hace la salvedad que Prado puede referirse, al citar los muertos, a alguno de los heridos que haya fallecido posteriormente, como consecuencias de las heridas, como por ejemplo el que cita Walter.
Juan J. Biedma Straw nos dice igual saldo al del informe del Diario, agregando: “Regresó al campamento con 24 prisioneros, numerosa caballada y ganado vacuno y lanar.”El general Pereyra hace la referencia del mismo informe transcripto, no dando nombres, y por último, Vigil, en su meritoria obra, menciona: “De las fuerzas expedicionarias hubo que lamentar cuatro bajas, entre ellas el cabo Atanasio Alarcón, resultando el capitán Bustos herido de dos lanzazos y un golpe de bola. Hubo además cuatro soldados heridos y varios contusos.”
En base a lo expuesto se puede expresar:
1) Que la acción se desarrolló en la margen izquierda del río. El mapa que figura en la obra de Vigil lo marca a la derecha, pero en el texto se ciñó al informe de la Comisión Nacional, que lo da al combate como realizado en la margen izquierda.
2) Que en esa ocasión no falleció el cabo Atanasio Alarcón y los soldados que lo acompañaron en su comisión; como figura en el informe aludido de la Comisión Nacional y en otros libros.
3) Que la tribu de Ñancucheo vivía en la orilla meridional del lago Huechulafquen, en el paraje denominado “Contra”, como surge del informe y mapa del sargento mayor Bejarano, que la visitara en 1872 en misión oficial, como así figura luego en varias partes de los Diarios de marcha de las brigadas intervinientes en esta campaña, tanto que la lucha contra este cacique insume la mayor parte de las acciones guerreras realizadas en la zona. La toldería atacada pertenecía al cacique “Platero” y su gente, de la misma parcialidad, como bien lo hace constar Walter en su libro.
Prado se equivoca con respecto a la actuación del referido cacique y su tribu, como lo certifican los informes de las brigadas actuantes contra él.
4) Que durante el combate fallecieron los soldados José Lacaba y Toribio Oliva; en cuanto al soldado Miranda, el informe de Peiteado dice: “Al pasar el río de regreso, tuve que lamentar la pérdida del soldado Fidel Miranda, que se ahogó sin habérsele podido prestar auxilio por la rapidez de la corriente.”
5) Que el fortín Picún Leufú, luego denominado Cabo Alarcón, situado en la confluencia de aquel río con el Limay, era custodiado por tropas del Regimiento 5º de Caballería de Línea, y no tiene relación alguna con este combate, librado por tropas del 2 de la misma arma. El nombre impuesto corresponde al Cabo citado.
Con fecha 28 de julio de 1883, por Superior Resolución, fueron ascendidos “por mérito de acción distinguida” el capitán Bustos y el teniente 2º Grimau.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado, Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143.


Fuente y agradecimiento: via Ejercito Nacional Argentino blog.

martes, 1 de noviembre de 2016

Aniversario del combate de Cristiano Muerto

El 1 de noviembre de 1857 se produce el combate con indios en Cristiano Muerto. Tropas de Buenos Aires derrotan a indígenas de la tribu de Cafulcurá.
En camino de Azul y Tandil, hacia Bahía Blanca, se tuvo conocimiento de una invasión que Juan Cañumil, principal secuaz de Calfucurá, realizaba sobre los poblados de la costa (actuales partidos de Tres Arroyos, Juárez y Gonzales Chaves).
Dispuestos a interceptarlos a su regreso, tuvo lugar el 31 de octubre de 1857 un encuentro al sur de la sierra del Cristiano, que se denominó Sol de Mayo.
El Coronel Conesa mediante un decidido ataque dispersó a la indiada que venía con un cuantioso arreo y otros bienes. En la persecución al día siguiente (1 de Noviembre), alcanzó al grueso del malón en las puntas del arroyo Cristiano Muerto, al norte de la sierra de ese nombre. Cañumil tuvo 80 bajas en sus huestes, mas la pérdida del arreo que llevaba, debiendo apelar a la fuga hacia sus tolderías en Pigüé para salvar su vida. Esta acción se llamó “Cristiano Muerto”.

Fuente y agradecimiento: Ejercito Nacional Argentino / blog.

viernes, 28 de octubre de 2016

Aniversario de la batalla de Los Ramplones

Los Ramplones eran unas lagunas que se formaban con las caídas pluviales, en los cajones de los Chihuidos del Medio, a tres leguas de Paso de Hacha, sobre el río Neuquén, y en el Departamento Añelo. En el invierno se secaban. En ese lugar el 28 de octubre de 1879 se enfrentaron las tropas del 7º de Caballería de Línea, al mando del capitán Vicente Pérez, con indios de la pampa que se encontraban asilados en las tolderías neuquinas.
El parte oficial firmado por el teniente coronel Napoleón Uriburu dice lo siguiente:
“Señor Inspector General de Armas: El 28 de octubre pasó una partida de setenta indios desde el Agrio a los Ramplones y el capitán Pérez, del 7º de Caballería, al sentirlos, les salió al encuentro, los batió, los persiguió doce leguas hasta obligarlos a repasar el Neuquén en el Paso de los Indios. Mató varios de ellos y les quitó 52 de los caballos que traían; le mataron a él un soldado.
Los indios traían cinco carabinas Remington. Es de opinión del capitán Pérez y la mía también, que esos indios que no tienen nada que robar en toda la costa y aún separándose de ella, tenían intención de pasar a la Pampa a buscar sus antiguas guaridas.

Esta opinión esta basada en los comestibles de que venían cargados, en la reserva de caballos que traían y en la dirección que persistían tomar después de derrotados.
En el momento en que los indios tengan caballos tratarán de buscar un resquicio para pasar a la Pampa. En el mes de enero, que dicen disminuyen las aguas y las crecientes de los ríos, tendrán muchos más pasos que los que hoy pueden encontrar en donde tanto ellos cono nosotros perdemos hombres cada vez que se vadea. Saludo a V. E.”
Gracias a la búsqueda de documentación que efectuó el historiador Bartolomé Galíndez se puede apreciar mejor la situación apelando a la correspondencia particular del referido comandante de la 4ª División, quién en dos cartas a Francisco Uriburu le hace saber otros aspectos que completan mejor el panorama. En efecto, desde Mendoza le dice en la primera de ellas, el 17 de octubre de 1879:
“Estoy a la expectativa de una anunciada invasión de los indios del Sud. Todos los indicios son de que se realizará. Pues han tomado a los bomberos que mandé para que trajeran noticias. Si tuviera caballos les evitaría el trabajo de venir, pero a pie no dejaré se me acerquen mucho”.
El 6 de noviembre le escribe desde el Fuerte 4ª División y le informa:
“Los indios de la pampa asilados al Sud del Neuquén, y auxiliados por los pehuenches, van mejorando sus caballos y prometen volver a sus antiguos campos para continuar sus malones interrumpidos por la corrida que les pegamos el 28 de octubre”.
Sigue detallándole el encuentro con los indios y aporta la observación muy importante de que “no traían familias”, lo que sumado a los otros antecedentes ya anunciados en el parte, daban la pauta de la actitud belicosa que llevaban.
Muchos indios en la pampa lograban eludir el cerco y las batidas de las tropas nacionales, y aunados a otros que regresaban desde las tierras neuquinas, donde habían conseguido dejar a salvo a sus familias (chusma) y equiparse de las indispensables cabalgaduras, dieron mucho que hacer a las tropas destacadas en la antigua línea de defensa, principalmente en la provincia de Buenos Aires.

domingo, 14 de agosto de 2016

Combate del Sauce

El 26 de diciembre de 1875 se produce una Invasión de indios. Una partida de unos 300 indios intenta atacar por sorpresa al campamento Blanco Grande. Advertida su presencia se entabló un fuerte combate donde fueron derrotados. El Comandante Lorenzo Vinter los persiguió largo trecho y en el trayecto recibió el parte que la guarnición del fuerte Lavalle, de unos 150 hombres, se había sublevado y estaba cercada por unos 2.000 indios. Vinter de inmediato se dirigió al fuerte. Al llegar a el Sauce encontró a los indios y los batió persiguiéndolos por una 40 leguas.

Batalla en las barrancas del Neuquen

Esta batalla se libró el 28 de junio de 1879 en las barrancas de la margen septentrional del Río Neuquén, paraje llamado hoy “Vanguardia”, nombre que tomó del antiguo fortín que allí se construyera poco después. Por un lado combatieron las tropas al mando del teniente de baqueanos (de la Compañía de Voluntarios, llamados “choiqueros”) Isaac Torres, y 16 soldados de la 4ª División, y por el otro los indios del cacique Marillán. El Parte Oficial dice lo siguiente: “El teniente que suscribe – Campamento el Mangrullo, junio 30 de 1879 – Al señor comandante en jefe de la 4ª División del Ejército, teniente coronel don Napoleón Uriburu. – Tengo el honor de dirigirme a usted poniendo en su conocimiento que con la comisión de 16 hombres con que usted se sirvió despacharme el 27 del corriente, después de haber marchado en dirección de Auca-Mahuida casi todo el día, supe por prisioneros hechos por el mayor Illescas, que un pequeño grupo de seis indios, con algunos animales de arreo, debían caer al Neuquén abajo procedentes de La Pampa y como a cinco o seis leguas de este campamento. Marché toda la noche en su busca y a la diana de 28 di con ellos en el valle del río, pero no en número de seis como se me había informado, porque después de cargarlos sobre sus fogones, de día ya, se replegaron y formaron en las barrancas del río, en número de 90 de lanza, todos bien armados.

El desorden en que se puso la chusma y considerando que ésta se me escaparía si no andaba activo con ella, me obligó a juntarla, dejando que los indios se reunieran y así pude tomar ciento y tantas mujeres y criaturas, con una gran caballada, vacas y ovejas.
Entre los prisioneros hechos en la primera carga había quedado un viejo, y con éste mandé decir al cacique Marillán que mandaba los indios, y que con ellos formados me esperaba a una cuadra de distancia, que entregase las armas, bajo la formal garantía de sus vidas. Contestó a esta intimación que dudaba de mi palabra, y que antes quería pelear, a lo que le repliqué que descendiera al bajo, pero sin hacerles un tiro aún, pues me suponía que quisiera entrar por tratados. Un grito unánime de guerra fue su segunda contestación, y sin repararme mucho de la chusma prisionera y animales tomados, esperé, pie a tierra, haciendo fuego nutrido, la carga que rápidamente me traían a pie y a caballo, dirigida por el expresado Marillán. Sin embargo, de ser ésta muy violenta y excelentes los caballos en que venían montados, antes de llegar hasta chocar cayeron como 16 indios; pero los restantes nos rodearon por todas partes, trabándose un combate reñido a arma blanca. Muchos indios arrojaban al suelo las lanzas y luchaban brazo a brazo por arrancar a nuestros soldados las carabinas o fusiles; otros sacaban cuchillos y así duró un rato la pelea hasta desalojarlos y ponerlos en fuga, dejando ellos 14 muertos en el sitio, 5 prisioneros de lanza y 106 de chusma, con más de 80 caballos, 33 cabezas vacunas y 30 ovejas, teniendo por nuestra parte que lamentar la baja de 3 soldados heridos de lanza y cuchillo.
Los indios llevaban muchos heridos, pues dejaron en el camino un reguero de sangre
Terminado el combate me regresaba y en seguida de marchar encontré al comandante Aguilar con una fuerza, parte de la cual se encargó de conducir los prisioneros y ganados al campamento, acampando esa noche allí todos juntos. Ayer, 29, a la mañana, perseguimos a los indios nuevamente, el comandante Aguilar con la fracción de gente que tenía vacante, y yo con los trece hombres, los cuales todavía tomaron 5 indios de lanza prisioneros y 12 de chusma con 58 caballos y mulas.
Cada uno de los 16 individuos que componían la comisión que me ha cabido el honor de mandar en esta ocasión, se ha hecho digno de recomendación, pues todos ellos a la par han competido en valor y serenidad. Dios guarde a V. S. – Isaac Torres”.
En este combate resulta por demás destacable el comportamiento que le cupo a la reducida tropa del bravo teniente de choiqueros, a quien veremos actuar en muchísimas ocasiones, tanto en esta campaña como en las posteriores. Todos estuvieron a la altura de las circunstancias y dejaron bien alto el prestigio de esta tropa que, mal vestida, a veces mal montada y falta de abastecimientos, en pleno invierno neuquino (temperaturas de 8 y 10 grados bajo cero en ese invierno) supieron realizar el plan trazado por los altos mandos militares, llevando a cabo la construcción de los fortines que en aquella ocasión avanzaron la línea de frontera con el indio hasta la margen septentrional de los ríos Neuquén y Negro.

Fuente y agradecimiento: via Ejercito Nacional Argentino / blog.
Fuente: Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado / Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143